miércoles, 16 de febrero de 2011

Sobrevivir a un premio: en torno a Las puertas imposibles, de Pablo A. Graniel*



Pablo A. Graniel, Las puertas imposibles, México, Instituto Estatal de Cultura de Tabasco, 2010, 72 pp.

¿Qué premian a ciencia cierta los certámenes literarios, los millares de concursos convocados a lo largo de un ámbito geográfico-cultural como el hispanoamericano? ¿Cumplen fehacientemente esos certámenes con su propósito de estimular la creación y difusión de obras señeras, esenciales para el ensanchamiento de horizontes que demanda cualquier literatura? No descubriré el hilo negro: los concursos literarios son producto de la inventiva humana y, como tales, padecen recurrentemente el peso de la ruindad y -acaso con persistencia- de la honradez intelectual y la osadía imaginativa. Es lícito, al hablar de premios, alegar la legitimación y la validación de trayectorias y prestigios, tanto como descreer de sus virtudes a la hora en que se proponen pontificar sobre lo que en verdad vale pena.


Justifico este "rodeo" introductorio porque ahora habré de referirme a Las puertas imposibles, el libro del joven poeta Pablo A. Graniel (Comalcalco, 1983), galardonado en 2008 con el premio tabasqueño de poesía José Carlos Becerra. ¿Qué tenemos aquí, con este volumen? En primera instancia un amasijo de poemas que discurre con soltura sobre temas ceñidos, constantes en la meteórica -por llamarle de algún modo- carrera literaria del joven laureado. Hay concisión también. El poeta es dueño de la forma breve que ha escogido para los pies poéticos sobre los cuales construye sus pequeños artefactos verbales y hay, en ese sentido, buena fortuna. El libro se resuelve ante los ojos del lector con la efectividad de un soplo que consigue cerrarle los ojos para, entonces, hacerle caer en la cuenta de su perplejidad ante una imagen que se difumina. Porque, como en los anteriores libros de Graniel, la imagen es un pequeño lienzo en poemas elaborados, no tanto para el regusto memorioso, como para la contemplación de una idea breve que ha tomado, de pronto, la forma de palabras. Así escribe, por ejemplo, el autor en Oscura confidencia (2004), uno de sus poemarios previos:

                                      La inmortalidad es un pozo
                                      en el que la muerte
                                      se mira a los ojos

En Las puertas imposibles la misma idea es reformulada desde la perspectiva de una segunda persona, aquella que, a través de la poesía, consigue desnudar la mirada oculta de la muerte. Aquí, como en una buena parte de los poemas del libro, el poeta procede, a través de la asociación de entidades disímbolas, a dotar al poema de un significado evanescente, aprehensible sólo desde cierto disfrute intelectivo y desde una música verbal con mínimas variaciones tonales.

                                     No están en el fondo las palabras verdaderas
                                     Respiran silenciosas en tu hombro

                                     La poesía te mira desde otros ojos

                                     Hacen florecer en ti la rosa oscura
                                     con la rapidez amarga del milagro

                                     Tú esperas el veneno

                                      Las serpientes no atacan

                                      Sueñan

                                      Se deslizan

Cuando el autor se refiere a Dios -otro de sus temas constantes- lo hace desde la convicción de una presencia cercana. Dios es un grito dentro de la poesía de Graniel, pero también es un silencio. Poesía y mística se confunden aquí en un abrazo que trae indisolublemente como resultado descubrimientos, epifanías atisbadas desde la contemplación y el canto apenas jubiloso de las palabras.

                                      Somos la eterna fiebre de Dios
                                      su estampida inagotable de memoria

                                      Dios es un grito incisivo
                                      calando al cráneo del mundo

                                      Dios es el eco que callan
                                      estas paredes derrumbadas

Una aproximación más reposada a la obra que Pablo A. Graniel ha dado a conocer hasta ahora no puede obviar, por otra parte, el  peso que la obra de poetas a los que admira ha terminado por ejercer en una voz en expansión como la suya. La presencia más cercana a su experiencia vital, a sus intereses escriturales, tal vez sea innegablemente la de Francisco Magaña. Poeta reconcentrado y, al mismo tiempo, diverso, vasto en su hálito de ascendencia mística, gran lector, la figura del autor de Comunión de sueños parece asomarse por momentos a través de las rendijas patentes de los libros de Graniel, sin que ello inhiba la búsqueda formal que éste ha comenzado a desplegar a lo largo de sus títulos.

Desde esa perspectiva, los temas que este joven prefiere son casi siempre abordados con un rigor formal y estilístico apreciables, razón demás para confiar en que su comprensión de poéticas tan varias como el romanticismo -de la mano de Hölderlin-, los varios rostros del misticismo -con un autor capital como Edmond Jabés a la cabeza- y algunas de las propuestas estéticas de la segunda mitad del siglo XX -metapoesía, poesía pura, poesía vertical- consigue hacer de su apuesta creadora una tentativa seria que -muy deseablemente- habrá de evolucionar hacia otras formas de expresión y planteamiento poéticos. Las puertas imposibles constituye, pues, una muestra de esa profusión de escuelas y lecturas de las que Pablo Graniel ha venido abrevando. Confluyen en el libro la tensión interior, la austeridad y el rigor, junto con la síntesis -mezcla de intelecto y carga emotiva- que hacen de sus temas -la escritura misma del poema, Dios, la muerte, el amor- un alegato válido a favor de una búsqueda que parece ya ir encontrando destino.

Las puertas imposibles ha sumado un premio más al corto recorrido de Pablo A. Graniel por los terrenos minados de la escritura poética. El riesgo para una trayectoria exitosa acecha. La repetición, la conformidad, las fórmulas gastadas son indicios que el poeta verdadero debe mirar con ojos atentos, so pena del autoengaño complaciente. Es probable que esa revelación que, en muchos sentidos, ha resultado Pablo Graniel para la poesía escrita desde Tabasco vea de muy buena gana la exploración de otros tonos, otros acentos y otras cadencias. Al fin y al cabo, como reza una frase que circula poco entre corrillos literarios, "es el ganador quien hace el premio; nunca el premio determina la estatura del galardonado." El premio tabasqueño de poesía José Carlos Becerra puede ostentar entre sus ganadores a un poeta de la talla de nuestro amigo Pablo, un poeta que -seguro- habrá de sobrevivir al embate taimado del triunfo al que, peregrinamente, sucumben tantos.

* Texto leído con motivo de la presentación del libro, en el marco del VII Encuentro Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer Cámara.

1 comentario: