jueves, 19 de agosto de 2010

Diario peligroso. Día 3.



Curioso: anoche tuve un sueño que no ha dejado de intrigarme. Soñé que mi padre no era en realidad mi padre y que, enterarme de ello, me sometía a una abismal angustia. En el sueño yo increpaba a mamá por el engaño del que me habían hecho víctima todos estos años. Odiaba concebir la idea de averiguar la identidad del hombre que me había engendrado, así que lo que en un principio fue una bruma de imágenes absurdas, después cobró la forma de una verdadera pesadilla. Luego desperté. Para desterrar de mí el peso de aquel sueño, por la tarde visité a mis padres. Allí, en casa, estaban los dos. Ocupados y sonrientes, ajenos por completo a la inútil congoja de su hijo.

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